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EL PARTO SIN BABY SHOWER – Nace El Clan BC, 3ª y última parte.

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Después de casi medio año, he encontrado al fin un poco de tiempo para concluir este relato, sé que me han estado esperando y lo agradezco enormemente. Pero sé también que la mayoría de ustedes están familiarizados con la titánica tarea que implica ser padre, y si la tarea viene por partida doble, como en el caso de nuestra familia, la cosa se puede poner un poco atareada, por decir lo menos.

En la entrega anterior les conté que debíamos conocer a nuestros hijos después de la ansiada propuesta del área de adopciones del DIF de la CDMX, pues bien, como Los Incansables vivían en casas hogar distintas, todo debía ser planeado de manera muy certera, ya que Chuyín el menor de los dos, vivió en una casa hogar a no menos de 30 Km de donde las oficinas del DIF de la CDMX se localizan, y Yoyo el mayor, vivía en otra casa hogar (para sorpresa de propios y extraños) a la que podríamos llegar caminando desde donde el hogar de El Clan BC se localiza actualmente, así de cerca y de lejos estaban quienes llegaban ahora a darnos un cambio de vida, y esto implicaba una logística más que elaborada, ya que las convivencias previas debían ser siempre bajo supervisión del personal del área de psicología y en las instalaciones del DIF.

El caso es que cuando hay buena voluntad e intención de las partes involucradas, las cosas se acomodan, primero hubo oportunidad de conocer a Yoyo (quien era el más renuente a la idea de ser adoptado) y no hay manera de culparle, pues después de una vida entera de decepción y abandono por parte de los adultos que lo rodeaban, es comprensible que ya no creyera ni en su propia sombra, cuando le hablaban de volver a creer e ilusionarse con la idea de encontrar un hogar para él y su hermanito.

Un día nos llamó la maestra subdirectora del área de adopciones, para avisar que Yoyo estaría en las oficinas del DIF para un par de evaluaciones psicológicas, y pues era la oportunidad de empezar a conocerlo y ganarnos su confianza, la pregunta era: ¿Quieren venir hoy? El estará aquí en un par de horas. Pues, la respuesta era obvia, ¡Sí!, llegamos a las instalaciones, con mas nervios que otra cosa, y ahí estaba Él, en un salón con Yezzi una de las psicólogas, que era quién más lo conocía, recuerdo el momento como si fuera ayer, bajito, con un corte de pelo, muy parecido al estilo militar, y muy vivaz, lo contemplamos por las ventanas sin que se diera cuenta, no sé cuánto tiempo, solo sé que desde ese momento, algo en mi cambio, estaba mirando a un pequeño que nos cambiaría la vida de la mano de su hermanito, a quien aún no conocíamos, de pronto, de la nada Yezzi le dio una pelota, y con un grito de emoción que hoy en día lo reconozco hasta dormido, salió corriendo atrás de ella, cuando de pronto, ¡PUM! de golpe y porrazo, Yoyo se topó con una ventana entre-abierta que daba a la terraza del área en la que estaba jugando, en un abrir y cerrar de ojos, estábamos la psicóloga, la subdirectora y dos desconocidos para Él, revisándolo y preguntándole si se encontraba bien. No sé si ese fue el momento que todos los papás recuerdan al ver por primera vez a su hijo, pero para mí fue el primer destello de sus ojitos marrones, con unas pestañas enormes que me miraron con más sorpresa que dolor, al vernos de frente con cara de… ¿Y estos quiénes son?… La estrategia fue de acuerdo a lo que nos había planteado en el DIF, presentarnos como unos amigos que venían a jugar con Él por un rato.

Y así fue, pasamos como dos horas, jugando pelota (perdimos al menos 3 de ellas pues el espacio es reducido y se iban fácilmente a las casas vecinas), canicas, juegos de mesa. Algo me quedó claro, este nene es a la fecha, un torbellino, lleno de energía, de emoción por vivir y jugar. Y también algo le dejé en claro desde el principio, cuando hicimos equipos para jugar, con una frase que le dije con todo mi corazón, al seleccionarlo como parte de “mi equipo”, lo mire de frente, agachado para verlo directo a los ojos: “Yo me quedo contigo”. Así se acabó la 1ª convivencia, y acordamos la 2ª visita, en la que podríamos conocer a Chuyín y convivir con ambos a la siguiente semana. Con un nudo en el corazón y sin más que conformarnos con ser, en ese momento, sus nuevos “amigos viejitos” nos despedimos de Yoyo. (Menuda sorpresa nos llevaríamos más adelante).

En fin, llegó la siguiente semana, y con ella la misma emoción y nervios por conocer al segundo miembro de Los Incansables, Chuyín, un pequeñito que a sus 8 parecía tener la talla de un nene de 6 añitos, con un ligero problema de lenguaje, que a la fecha seguimos tratando, (que eso de que el español tenga letras tan latosas de pronunciar como la rr, y palabras con sílabas odiosas como tra, tre, tri, tro, tru) puede llegar a ser un serio tema para un peque. El caso es que llegamos puntuales a convivir con nuestros futuros hijos. Desde que estábamos sentados en el área de recepción oí su vocecita, hablando fuerte y ruidosamente (que este nene parece haber nacido con el volumen en “high”) pero en cuanto apareció en hombros de una de las psicólogas y con Yoyo al lado, quedamos embelesados, Chuyín es un nene nada tímido, y a esas alturas lo acababan de mudar a la misma casa hogar que Yoyo, venía cantando y alborotando a su paso a cuantos veía pues saludaba y sonreía a todo el que se le cruzaba en el camino, lo bajaron y Yoyo le dijo, mira “Mamáno” (post aparte para este término por favor) ellos son los Amigos que te conté.

Y sin más que decir, Chuyín extendió su bracito, delgadito con unas manitas igual de delgadas, tocó la cabeza de El Teniente y dijo: Amigo uno, y luego la mía Amigo dos, y gritando lleno de emoción expresó: ¡Amigos Gemelos! Y nos abrazó a ambos por el cuello. Sí, a estas alturas, más de un par de ojos estaban rebosando con lágrimas (igual que los míos debo reconocerlo) pero no había mucho tiempo para ponerse lloroso, así que nos fuimos a donde se podía jugar, y hubo de todo, maromas, juegos de mesa, pelotas, hasta botanas que, “secretamente” llegaron cortesía de Alice nuestra adorada psicóloga y su equipo. Después de un rato como todo lo divertido, se acabó el tiempo de convivencia, y llegó la parte del stress, Alice y el coordinador de psicología debían hablar con Los Incansables para saber ¿Cómo se habían sentido al convivir con “Los Amigos”?

Seguro estoy que no fue una entrevista demasiado larga la que sostuvieron con ellos, pero si se que para mi cada minuto fue como un siglo, mientras mi interior se preguntaba, pues ¿qué tanto pueden preguntarle a un par de chiquillos sobre nosotros? Lo supimos de inmediato, salieron al fin y nos llamaron a los adultos a sesión, en pocas palabras, les habíamos caído muy bien a ambos peques, Los Incansables habían respondido tres preguntas, sí solo 3 (y yo pensando en un rosario de preguntas dignas del juego de maratón):

1.- ¿Les caen bien “Los Amigos”? –  Respuesta de ambos: ¡Sí!

2.- ¿Saben quién es cada uno? – Nos identificaban perfecto.

3.- y la más importante: ¿Querían seguir conviviendo con nosotros? No sé si hubo pausa para generar tensión y emoción en el momento, pero honestamente a mi me pareció que el mundo entero se paralizó… Ambos dijeron, ¡que Sí!

Después de recoger mi alma del suelo ante el reverendo momento de estrés que me acababa de llevar, pudimos reaccionar (El Teniente y yo) para responder a una serie de preguntas parecidas con referencia a Los Incansables, o sea, ¿cómo nos habíamos sentido con ellos?, ¿estábamos cómodos con sus personalidades? Y sobre todo, ¿queríamos seguir con el proceso de conocerlos y consecuentemente aspirar a que se nos otorgara la custodia de ambos, para más adelante culminar el proceso de adopción? Proceso que, al día que hoy escribo, en Enero del 2019, sigue sin concluir por detalles que les daré más adelante, en posts por separado (bajo promesa de que serán mucho más seguidos que éste último).

Pues nada, que siendo así, tuvimos nuevamente que pasar por el desasosiego de despedirnos de Los Incansables, cabe mencionar que a estas alturas, ya sentíamos que nos quitaban un pedazo de corazón al decirles adiós. Algo difícil de explicar, pero ya sabiendo finalmente cómo son, cómo hablan, cómo cantan y hasta cómo miran, sabíamos que nuestros hijos estaban llegado en el momento justo a nuestras vidas, no lo puedo explicar con palabras, solo lo sabíamos, así simple y llanamente, Los Incansables serían nuestros hijos.

La siguiente cita quedó pactada para la siguiente semana, misma cita que se atrasó de un Lunes de esa semana hasta un Viernes de la siguiente, ya que Chuyín recién llegaba a la misma casa hogar que su hermanito mayor, y las directivas de la institución “imponían” un plazo de al menos un mes para que los pudiéramos visitar. Esto por supuesto causó un gran impacto en nosotros, pues en casa ya estábamos preparándonos para recibirlos, al menos de visita, (la verdad que ya hasta habíamos comprado camitas para su recamara), que por buena percepción de El Teniente, tuvimos listas antes de que se iniciaran las convivencias, pues su instinto le dijo que era mejor estar preparados. El caso es que las cosas se acomodaron para que nos permitieran ver a Los Incansables después de casi dos semanas de no verlos, quedamos con Alice y Mari, ambas un par de ángeles disfrazadas de psicólogas, que el DIF nos designó para ir a verlos en la casa hogar y solicitar su salida para que conocieran El Hogar Del Clan BC.

Recuerdo que la tensión era enorme y el resultado de esa jornada de viernes no lo veíamos llegar ni en nuestros más salvajes sueños. Llegamos con Alice y Mari a la Casa Pancho. Y al llegar pudimos ver a Yoyo, con unas ojeras gigantescas, cargando en hombros a Chuyín que para variar andaba feliz cantando en hombros de su héroe mamano.

Cuál no sería nuestra sorpresa al enterarnos, nomas dar un paso al interior de Casa Pancho que Los Incansables habían armado un gran alboroto la noche anterior, el cual derivó en un berrinche monumental que tuvo a todos los peques de la casa hogar en vilo la noche entera (según la “muy profesional” versión del trabajador social de la casa en cuestión, los malos y únicos culpables resultaban ser nuestros hijos) y cuando Alice preguntó que si podíamos llevar a los peques a conocer su futura casa, la ”madre superiora” y directora de la casa hogar, junto con el ya mencionado “trabajador social” literalmente expulsaron a Los Incansables de la casa hogar, y teniéndolos ahí sentaditos en una banca, le comunicaron a Alice que de ser posible, nos los lleváramos y no regresáramos con ellos a su “honorable institución”. Si querido lector, si te has quedado helado ante la “profesional y empática actitud” de quienes la casa hogar en cuestión manejan a la fecha, pues imagina como estaba Alice, cuando volteó y haciendo gala de mucha templanza, usando su angelical sonrisa, nos preguntó, ¿chicos, están dispuestos a llevar a Los Incansables a casa de una buena vez?

De lo contrario, el proceso de reubicarlos en otra casa hogar y reanudar convivencias, y un largo etcétera nos pondría literalmente en un autentico maremoto de incertidumbre. Fue así que después de pensarlo detenidamente (como 2 minutos, si no es que menos) El Teniente y yo, dijimos, ¡Venga que para eso estamos! ¡Y para eso hemos venido! y de pronto, así sin más nos estábamos convirtiendo en padres (con parto un poco prematuro) y sin “baby shower” de nuestros pequeños, adorables y en ese momento erigidos como en un gigantesco misterio par de hijos del corazón.

Los Incansables, como después nos probarían ser, estaban llegado a casa y desde entonces, la vida adquirió un tono distinto, los momentos de felicidad se han intercalado con los desafíos de guiar, criar y dar el mejor esfuerzo que está en nuestro alcance, la tarea a veces se antoja, titánica pues como lo digo en el post “Toneladas de Realidad” de pronto la vida real es más cruda que lo que normalmente pensamos. Pero al fin, esa noche después de ir a las oficinas de DIF a firmar papeles, tuvimos que regresar a comprar ropa para Los Incansables (que literalmente los había echado de la casa hogar en pijamas) y a comer en algún lugar rápido, después de recibir de Alice y Mari, de la Maestra Subdirectora, de los directivos de la casa hogar y de la vida misma, la oportunidad más grande que nos ha podido llegar, la de demostrar que somos capaces de hacernos responsables de guiar a nuestra familia, El Clan  BC. Y sí, no puedo negarte que asustados estábamos (Por no decir aterrados, los cuatros miembros de la familia por igual) pero algo quedaba en claro, el tiempo de estar juntos había llegado al fin.

Sé que tú que me lees debes tener tu propia historia de cómo se conformó tu familia, y en verdad que me encantaría conocerla. Y por seguro sé, que hay algo que existe como ingrediente único de este tipo de procesos, El Amor.

Gracias, hasta el próximo post, y ¡¡¡¡Feliz Año 2019!!!!

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